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lunes, 9 de noviembre de 2020

De Torrero al cielo, el tercer ramal. Parte IV. La difícil orografía del monte de Torrero. 1.


Cuando en nuestra ciudad se acomete cualquier cambio urbanístico, desde el más leve hasta el más drástico, tendemos a hacer gala de una memoria escuálida. Con velocidad de vértigo olvidamos el paisaje urbano anterior y nos amoldamos al nuevo como si siempre hubiera lucido así. Pues bien, sirva esta entrada para recordar que no hace tanto tiempo, el barrio de Torrero era un monte, agreste, de difícil acceso y de compleja urbanización, como lo reflejan los avatares constructivos de la línea Torrero en su último tramo.

A finales del siglo XIX la sociedad constructora “La Amistad” promueve la creación de un nuevo barrio, que se emplazaría al norte del Cº de Lapuyade (o de Chueca), actualmente englobaría parte de la  Calle Pradilla. Este barrio se llamó Barrio de Las Acacias por los árboles que lo poblaban y suponía las primeras viviendas en una zona eminentemente industrial hasta el momento. Por la lejanía con el centro de la ciudad la ironía zaragozana también lo llamó Barrio de los Chiflaos.

Los vecinos del mencionado barrio, gente con posibles, necesitaban tener acceso fácil al tranvía de Torrero que entonces circulaba por el Pº de las Acerolas (paseo interior del actual Parque de Pignatelli colindante con los depósitos de agua). Pretendían que el tranvía volviese a circular por los lugares de la concesión más próximos al barrio, es decir, por el Cº de Torrero (actual Pº de Cuellar). Como ya se citó en una entrada anterior, el Gobernador Civil había autorizado en 1890 el traslado de las vías al Pº de las Acerolas, que ya había sido rebajado, y presentaba una pendiente constante y mejores condiciones de circulación, a pesar de los inconvenientes de la angostura del camino, que en parte era ocupado por la Torre de Buil.


Fuente: Blog Zaragoza te habla. "El Barrio de los Chiflaos" Manuel Alcaine."Torre Buil 1898. “Lejísimos” de Zaragoza, imagen de 1898 de la Torre de Buil, elegante, airosa y amplia finca de recreo sobre parte de la más antigua Torre de Júdez, donde la selecta “crème” de la “gente guapa” de la ciudad festejaba y tomaba aires más puros que los de abajo, pues estaba ubicada sobre una de las elevadas terrazas naturales que caracterizan la zona. Su propietario, Pablo Buil, se opuso con fervor a ser desalojado para que el ayuntamiento realizara, en ese lugar, un pequeño parque “raquítico y mezquino”. Años después, tras la explanación de la zona, comenzaría la historia del parque de Pignatelli de Zaragoza, vinculado con el proyecto más global de ensanche burgués hacia el sur. En octubre de 1904 sería reinstalada la estatua de Pignatelli, referencial elemento, desde entonces, de este peculiar y escaleno parque. Fuente visual: recopilación de reportajes “¡Aqui… Zaragoza! “, José Blasco Ijazo – GAZA"



El 15 de enero de 1896 hay un escrito de los vecinos de Torrero al entonces alcalde, escrita por el  Sr. Lorenzo Baró, Presidente de la Amistad, constructora de las casas del barrio de las Acacias, exponiendo que ha practicado gestiones con la Compañía de tranvías para que éste pase por el camino de Torrero en el trayecto Torrero - Subida de Cuellar (tramo entre Cº Las Torres y Ruiseñores).

Al parecer la Empresa de los tranvías accede a la petición, pero ha de consultar al Consejo de Administración que está en Bruselas para que dé el visto bueno, ya que para  poder modificar el recorrido del tranvía es necesario que el mencionado camino se rebaje, suavizándose la rampa. (dejándola a 35 mm desde la subida de Cuellar hasta el camino llamado de Chueca, actual Lapuyade).

"Nada diría respecto a la espera de Bruselas si no fuera porque la subida es áspera y peligrosa por la circulación excesiva de carruajes y caballerías; y en segundo lugar para dar trabajo a la clase obrera que se encuentra necesitado de él. Teniendo en cuenta el interés de los vecinos ofrecen 2000 reales para ayudar a la mejora. "

Finalmente a principios de 1896, atendiendo a las reclamaciones vecinales del citado barrio,  el Ayuntamiento pasaba comunicación al ingeniero Director del Canal para preparar el terreno, practicando un rebaje del camino existente entre el paseo de las Acerolas, por detrás de la torre de Don Pablo Buil y el Cº de Torrero. La concesión del permiso de dicha modificación se realiza el 23 de enero.

Pero la modificación no fue algo sencillo, al iniciar las obras del desmonte de la vía se encontraron con un "divertido problema" se trataba  de la puerta de la Torre de Buil, que quedaba en alto con respecto al rebaje. En sendos y acalorados debates municipales se trató el tema, aprobándose finalmente la paralización del desmonte hasta que se construyese el nuevo puente sobre el canal, pero  los trabajos estaban ya muy avanzados y decidieron pararlos solo en las proximidades de la Torre de Buil. No sería hasta finales de 1896 cuando se daría orden de concluir el desmonte junto a dicha finca.

Los problemas técnicos sobrevenidos durante las obras de modificación de dicho tramo del tercer ramal serán los protagonistas de la siguiente entrada.

Por Nieves García-Arilla Oliver y Juan Antonio Peña Gonzalvo.


lunes, 25 de mayo de 2020

Las mulas, esas protagonistas con alma de actrices secundarias. Parte II. Crónica de sucesos: coces, algún mordisco y trabajo duro.



No son pocas las noticias encontradas en los periódicos de la época narrando diferentes percances tranviarios, percances que tuvieron como protagonistas a las caballerías que tiraban de los tranvías de tracción de sangre, que circularon por las calles zaragozanas entre 1885 y 1902.

No quiero comenzar a desgranarlas sin antes agradecer a Juan Antonio Peña su ingente labor de documentación en los archivos municipales (y en todos aquellos que se le pongan por delante).

Pues sin más, metámonos en harina, nos encontramos con varios accidentes provocados por coces y mordiscos:

Miércoles, 12 de junio de 1901 Diario de Avisos. Sucesos:

“Ayer tarde a las 6 ingresó en el hospital un muchacho de 14 años de edad, llamado Luis González, habitante de la casa números 72 de la calle de la Hilarza con una herida contusa en la región parietal izquierda, interesando el cuero cabelludo y fractura del occipicio. Pronóstico grave.
El citado muchacho hacía el oficio de encuartero (*) en los tranvías y conducía varias bestias para los cambios de tiro por el puente de piedra, cuando una de las caballerías soltó un par de coces, hiriendo al muchacho y dejándolo sin sentido. Fue auxiliado rápidamente y conducido al hospital.”

(*) encuartero: Mozo que va al cuidado de las bestias de encuarte (enganche).

Miércoles, 11 de septiembre de 1901 Diario de  Avisos. Sucesos:

“Un obrero de la empresa de tranvías ha sido conducido hoy al hospital con una herida en la cara causada por una patada de una caballería. La herida ha sido clasificada como pronóstico reservado.”

Viernes, 19 de febrero de 1897 La Derecha. Sucesos: 
 
“En la plaza de la Magdalena fue mordido ayer tarde por un caballo de un coche-tranvía un niño de seis años llamado Gonzalo Boca Conde el cual resultó con fuertes contusiones en el pecho que le fueron curadas en el hospital, marchando luego a su domicilio.”

También hay varias quejas de usuarios por las condiciones de fatiga de los animales, que producen retrasos:

Sábado, 12 de junio de 1897 La Derecha:

“La Empresa del servicio de tranvías se ha propuesto aburrir al público y un día ocurrirá un escándalo gordo.
Unas veces descarrilamientos a porrillo, que convierten el trayecto más corto en un viaje de emociones como si se atravesara el más quebrado país del mundo; otras veces paradas interminables por la fatiga del ganado, que obliga a los viajeros a dejar el coche, al mayoral a perder los estribos y al público a comentar cómo se está abusando de su paciencia.
En la línea de Circunvalación daba gusto viajar ayer por la tarde: la empresa apura tanto el ganado o éste es de tan pésimas condiciones que anda cuando le parece, y así el servicio no puede continuar.”

Lunes, 21 de junio de 1897 La Derecha:

“La Empresa de tranvías es incorregible. A pesar de las amonestaciones que a diario se le hacen para que mejore el servicio, sigue tan indiferente y tan poca amiga de servir al público.
La noche del Corpus notamos en la plaza de la Constitución que uno de los tranvías de la línea Bajo Aragón-Madrid estuvo más de un cuarto de hora detenido a causa de que la única mula que conducía el coche, por el mucho peso, no podía andar.
Pide el periódico que se haga el servicio los días de fiesta con dos mulas.”

Esta noticia evidencia que no siempre los tranvías iban tirados por dos animales, como comentamos en la primera parte de esta serie de entradas dedicadas a las mulas. En algunos casos, desconocemos si por problemas económicos o por problemas con el parque de animales, sólo tiraba del coche un animal, con el consiguiente sobre esfuerzo. Así se puede constatar en la foto de la familia Rios, que es imagen de este blog, en la que se puede observar como solo tira del pequeño tranvía de la derecha un animal. Lo mismo, se puede apreciar en la siguiente imagen:

Hubert Vafier. Plaza del mercado 1891.Tranvía tirado por un solo animal.

Fotografía perteneciente a la colección particular de la familia Ojeda, publicada en el blog del Centro de Estudios Borjanos en 2016. De nuevo vemos como el tranvía es tirado por un solo animal.

Jueves, 4 de junio de 1896 Heraldo de Aragón :

“Con fecha de ayer un vecino de Zaragoza presentó al Gobernador Civil de la provincia, una razonada comunicación, denunciando un hecho contra la empresa concesionaria de los tranvías.
Dícesenos que la aludida carta obedece a que varias personas que iban en el coche número 14, el domingo último no pudieron llegar a la hora oportuna a los toros, porque en la Plaza del Carmen se vieron precisados a hacer una parada de 20 minutos por las malas condiciones de la caballería que arrastraba el coche expresado.”

Viernes, 5 de junio de 1896 Heraldo de Aragón:

“El Gobernador civil ha dado las órdenes oportunas para que el subdelegado de veterinaria examine el ganado de tranvías, con objeto de evitar la repetición de hechos como el ocurrido el domingo pasado que motivó las justísimas quejas de los viajeros.
Buena falta hace que el gobernador tome con energía cartas en el asunto de los tranvías y ponga los medios para evitar los constantes abusos de la compañía belga.”


Por Nieves García-Arilla Oliver y Juan Antonio Peña Gonzalvo


                                              


martes, 7 de noviembre de 2017

El 25 por Sagasta

Foto Alday. Colección conservada en Kutxateka (fototeca de la Fundación Kuttxabank) Hacia 1898.

Esta semana comenzaba con un descubrimiento. Como viene siendo habitual, Juan Antonio Peña la vio en una de sus búsquedas en internet, e inmediatamente me la envió.

Se trata de una fotografía que pertenece a Foto Alday, cuyos fondos están disponibles en la fototeca de la Fundación cultural de Kuttxabank, conocida como Kuttxateka, aunque en dicha web la única información sobre la imagen es su título: “Tranvía por la calle de una localidad”.

Así pues, debemos la identificación de la imagen a D. Arturo Bayod, quien es además la persona que la colgó en Facebook junto con el siguiente comentario de la misma:

"Paseo de Sagasta. Hacia 1898.

Un tranvía tirado por mulas -llamado "de sangre"- vuelve, después de haber realizado su habitual recorrido hasta la Playa de Torrero, hacia el centro de la ciudad...
Nada queda que nos pueda unir mediante un recuerdo o sentimentalmente con esta imagen... Ni el tranvía, ni la doble hilera paralela de árboles, ni la torre que asoma a la izquierda tras infinitos huertos- que bien podría ser la de Moncasi sita en el llamado por entonces Camino del Sábado (hoy, más o menos, Juan Pablo Bonet) -, ni siquiera el embarrado suelo que invadía todo el tramo central del paseo...Absolutamente nada existe ya...

Tan solo la visión de un pequeño letrero, casi ilegible...que acompaña al cobrador en la parte trasera de aquel número 25...nos permite saber que...estamos en casa...
Torrero...

El tranvía se encuentra justo en el giro que hace el Paseo de Sagasta en su cruce con el Camino de las Torres...
La parte central del antiguo Camino de Torrero era la reservada para los carruajes y los tranvías, mientras los peatones disponían de los laterales del mismo. Habría que esperar hasta 1914 para ver la estructura actual (bulevar central y vías a ambos lados) ya habilitada...

Se ve un Paseo de Sagasta previo incluso a la llegada de la nobleza y de la alta burguesía zaragozana y sus carísimas construcciones...”

La ubicación suscitó dudas en un principio por el mero hecho de que, por aquel entonces, ya estaba instalada la doble vía en ese tramo, pero podría darse que el mal estado del suelo impidiera ver la vía, ya que si se fijan detenidamente en la fotografía, a la izquierda del tranvía parece adivinarse otro en dirección Torrero.

Yo llamo la atención sobre la cuca farola en forma de globo que adornaba el paseo.

Por último, destacar que este nº 25 no nos es desconocido del todo, gracias a la fotografía de René Ancely en la Plaza Constitución fechada en 1899.
 
René Ancely. 1899.
 
Por Nieves García-Arilla Oliver.

miércoles, 22 de marzo de 2017

De Torrero al cielo, el tercer ramal. Parte II. Un paseo de domingo.


Ha llegado la hora de ir a pasar la tarde del domingo a las playas de Torrero, dicen que la cosa está animada, comprobaremos por nosotros mismos las afirmaciones de García Mercadal. Para él, éste de Torrero “es un tranvía aristocrático, frecuentado por gentes elegantes y discretas que suelen usarlo casi diariamente para dar su paseo de costumbre…Sin embargo, este tranvía se democratiza una vez por semana, el domingo, como si presintiendo el advenimiento del poder popular quisiera comenzar su política de conciliación. Entonces el tranvía se llena de gentes humildes, laboriosas, endomingadas, gentes que trabajaron seis días para holgar el séptimo, y allí donde la compostura rige diariamente las maneras de los viajeros, los domingos escuchánse voces descompuestas, dichos alegres, exclamaciones festivas, hasta músicas y canciones, que publican claramente la alegría con que el pueblo encubre las tristezas de una vida miserable”

Esperamos en Puerta Cinegia, ya oigo los cascos de las mulas ¡ya llega! Antes los tranvías no tenían el cartel de destino, pero con la inauguración de esta línea, la Sociedad ha dispuesto carteles con el nombre de la línea para evitar que los pasajeros se equivoquen; “Torrero” se lee bien claro. Es una jardinera, uno de los coches abiertos que la Sociedad Los Tranvías de Zaragoza compró para usar durante los inclementes veranos zaragozanos. Le compraremos el billete al cobrador, son 0.20 cts. el precio del billete hasta el Puente de América. El precio es de 0,05 pts. por cada uno de los trayectos: Constitución - Puerta de Santa Engracia – Cuéllar - Cantina - Pte. de América. Como nosotros vamos al final de línea pagamos el total de la suma de los importes.
Tranvías en Plaza Constitución.

 

¡Esto va hasta los topes! Casi no cabemos, vamos a quedarnos de pie. Emprendemos la marcha, cumpliendo con el reglamento el conductor toca su silbato. Pasamos por el Café Gambrinus, como se nota que es verano, está atestado de gente, la Diputación hoy está cerrada, en la esquina de la Plaza el café Suizo, parece que también está concurrido. Terminamos de girar y entramos en el Paseo de Santa Engracia, que discurre rectísimo hasta la Glorieta, a ambos lados la gente endomingada disfruta de un agradable paseo, recorremos esta arbolada y amplia calle, pasamos por la Puerta del elegante Café Ambos Mundos, inaugurado el 3 de octubre de 1881 y situado en la manzana entre las Calles Albareda y Marqués de Casa Jiménez.
Tranvía abierto o de verano, conocido como jardinera. Circula por el Paseo de Santa Engracia (actual Paseo Independencia) nada más pasar la manzana donde se ubicaba el Café Ambos Mundos.


Dejando atrás el café, ya estamos en la concurrida Glorieta Pignatelli, al otro lado del Paseo está el teatro de verano del mismo nombre.
Glorieta Pignatelli. 1889. Levy et Cie. Concurridísima y genial imagen de la Glorieta, con el Teatro del mismo nombre al fondo.
 Salimos por el pequeño arco lateral de la Puerta de Santa Engracia, que consta de cinco accesos separados por pilares, tres centrales para peatones y dos laterales para coches y caballerías. (fue destruida en 1902).

Autor: Escolá. 1902.
Imagen de 1892 en la que se aprecian sutilmente las vías del tranvía en el empedrado, en la parte inferior.

Imagen de la Puerta de Santa Engracia de 1892. Detrás parte de la fachada del edificio de la Universidad Nueva de Ricardo Magdalena.
Edificio de Capitanía. Imagen de Coyne de 1893.


 A la derecha nos sale al encuentro la neoclásica fachada de piedra del palacio de la Capitanía General de Aragón, comenzado en 1879 y concluido en 1894.
Giramos a la izquierda y dejamos atrás la flamante nueva Universidad, obra de Ricardo Magdalena, construida en 1893 según su proyecto de 1886, ejemplo de arquitectura palaciega aragonesa. Edificio diseñado para ser la Facultad de Medicina y Ciencias, Hospital Clínico y Sala de Dirección de la Universidad de Zaragoza. Inertes nos ven pasar las estatuas de Andrés Piquer, Miguel Servet, Ignacio Jordán de Asso y Fausto de Elhuyar.

Debemos ahora cruzar el puente que salva el río Huerva y ya hemos entrado en el Paseo de Torrero.
Puente de Santa Engracia 1893. Se ve el Huerva descubierto y la Universidad.

Puente de Santa Engracia 1899. Autor René Ancely.
 

Nada más entrar en el Paseo nos encontramos con el velódromo de los Campos Elíseos a la derecha. Inaugurado en 1895. En él se realizaban carreras de bicicletas, actuaciones circenses y hasta partidos de fútbol, fue derribado en 1920.
Velódromo de los Campos Elíseos 1896.

Enfrente del velódromo, a nuestra izquierda, el Colegio de los jesuitas

“El tranvía acelera su marcha por la vasta y espaciosa vía cubierta de viejos y frondosos árboles, a cuyos lados se van levantando hermosas construcciones. Dos casas gemelas dan frente al paseo de las Damas, alameda melancólica y clerical que empieza entre una fábrica y una plazoleta con una fuente, cuyo nombre no hace caso, detrás de la cual aparece la silueta del convento de monjas del Sagrado Corazón de Jesus.”


 
 


La extensión que ocupaba iba desde la actual Glorieta de Sasera hasta el número 5 del que fuera hasta su derribo Paseo General Mola, hoy Paseo de Sagasta, es decir, lo que hoy conocemos como El Corte Inglés y Residencial Paraíso.  Imágenes publicadas en el blog "El desván de Rafael Castillejo” pertenecientes al archivo fotográfico del propio Colegio.
Continuará…
Por Nieves García-Arilla Oliver.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Zaragoza en tranvía de mulas en Escúchate de Javier Vázquez en Aragón Radio

El pasado lunes 20 de febrero en el programa Escúchate de Aragón Radio, Javier Vázquez me ofreció la posibilidad de hablar de este proyecto. Aprovecho para agradecérselo, fue una experiencia muy divertida.

Aquí podéis escucharlo a partir del minuto 36.

http://www.aragonradio.es/radio?agregar=152936

Aprovecho para corregirme a mí misma en un par de cosas:

  • En cuanto a los Ómnibus, se parecían más a los actuales taxis que a los autobuses.
  • La calle por la que pasaba el tranvía Circunvalación - Mercado era la Calle Cerdán y no Escuelas Pías, aunque fuese ese el trazado original en el proyecto, luego se modificó debido a la estrechez de la vía.

Por último, la calle cuyo nombre no recordamos es Doctor Valcarreres Ortiz, antes llamada Soberanía nacional.

Recordar que hay una nueva dirección de correo electrónico zaragozaentranviademulas@mail.com   que está disponible para todo aquel que le apetezca escribir sobre la Zaragoza de finales del XIX, podéis enviar fotografías, sugerencias, correcciones, datos etc...

viernes, 3 de febrero de 2017

El Coso antes del tranvía


En esta curiosa imagen del Coso desierto, con autoría del estudio Coyne y sin fecha exacta, podemos hacernos una idea del estado de una vía principal  zaragozana a finales del siglo XIX.

Si observan con atención verán que la parte oscura del centro de la vía está sin asfaltar, siendo simplemente de tierra afirmada, mientras que junto a las aceras está adoquinado.

Si se fijan aun más, verán 4 franjas blancas que atraviesan la vía, también adoquinadas. Se trata de los pasos de peatones de la época, diseñados ya no tanto por una cuestión de seguridad vial, si no para que los peatones evitasen ponerse hasta arriba de barro al cruzar la calle.

Imagínense ahora pasear por ese Coso hoy, después de la lluvia caída ayer, el barrizal sería tremendo y los carros siguen circulando clavando sus ruedas en la tierra húmeda.

Cuando en 1885 se instalan las vías del primer tranvía de mulas, las condiciones de algunas de las vías zaragozanas que aun estaban sin asfaltar son un motivo de conflicto continuo entre el Ayuntamiento de la ciudad y la Sociedad los Tranvías de Zaragoza, luchando para ver de parte de quien corrían los gastos del adoquinado de las calles.

En algunos casos las vías podían sobresalir más de lo debido como consecuencia de haberse movido la tierra alrededor de ellas y provocaban incidentes con carros que chocaban con ellas.

Para terminar este breve post hacer mención a las farolas, aún de gas, y a los toldos, que a falta de persianas protegían las ventanas y balcones del abrasador sol del verano.

Por Nieves García-Arilla Oliver.

martes, 10 de enero de 2017

Bajo Aragón, la línea humilde


Tras la creación de la Sociedad Los tranvías de Zaragoza en agosto de 1885, la primera línea que se construyó fue la llamada “Bajo Aragón”. Según la concesión, correspondía al ramal 3º que debía unir la Plaza de la Constitución con la estación de Escatrón, también conocida como estación de Utrillas o de Cappa. Esta última denominación alusiva al nombre del ingeniero León Cappa y Béjar, quien en 1865 la mandó construir al fundar la "Compañía del Ferrocarril de Zaragoza a Escatrón".

Al ser como decimos, la primera línea en construirse, es de la que menos información disponemos. Sabemos por las actas de la sociedad, que ya en su primera sesión (5 de agosto de 1885) se acuerda su  construcción, autorizando a Torres Cervelló a comprar el material Vignole a Noaín y Pamplona.

Tan solo dos meses después, la instalación se había completado y el periódico La Alianza Aragonesa certificaba las pruebas para su puesta en marcha. La pretensión era inaugurar la línea para el Pilar de 1885, pero distintos problemas y  retrasos en la recepción del material móvil no lo hicieron posible hasta el 17 de octubre, el mismo día en el que se inauguraba oficialmente la tan ansiada Exposición aragonesa y cuya apertura se realizó tan solo 3 días después de la inauguración del tranvía.

La Alianza Aragonesa, el mismo día 17 de Octubre de 1885 por la tarde, hacía una crónica del evento:

“Esta mañana se ha verificado solemnemente la inauguración oficial del tranvía….”

“…Los dos tranvías han recorrido el tramo desde la Plaza de la Constitución a la estación de Cappa sin dificultad alguna. Los cruces se hacen perfectamente…”

“…Los coches construidos en Barcelona son de muy buenas condiciones. En el primero iban 40 personas cómodamente, relativamente hablando”

Sabemos también que se celebró un almuerzo en el final de la línea (estación de Cappa) en el que se pronunciaron varios brindis a la salud de los señores Sigüenza, Torres Cervelló, Escosura, Gasca, San Juan etc… y no faltaron las jotas.

¿Pero por donde transcurría esta primera línea tranviaria?

Pues bien, el recorrido comenzaba, como es sabido, en la Plaza Constitución (actual Plaza de España) y continuaba por el Coso Bajo hasta llegar a la Plaza de San Miguel, llamada así por albergar la iglesia del mismo nombre. Allí salía del núcleo urbano por la tristemente desaparecida Puerta del Duque de la Victoria, construida en honor del General Baldomero Espartero para conmemorar su visita a la ciudad en 1856. Dicha puerta permanecería en pie hasta 1919, cuando tras haber sufrido varias remodelaciones sería desmontada totalmente. Dejando la Puerta del Duque  atrás, el tranvía atravesaba el río Huerva para adentrarse en el conocido como barrio de Montemolín, pasando frente al recién inaugurado macelo municipal de R. Magdalena y concluyendo su periplo en la ya mencionada estación de Escatrón, que afortunadamente hoy seguimos conservando en la denominada actualmente Plaza de Utrillas.

A continuación, y como ya hiciéramos en las entradas dedicadas a la línea Circunvalación, les invito a poner en marcha por unos minutos la imaginación y a que saquen un billete para recorrer en tranvía de mulas la línea conocida como Bajo Aragón, según García Mercadal, línea de “humildosa condición” (sic), por los usuarios que al parecer la frecuentaban, aunque no fuera así durante sus primeros meses de vida con motivo de la Exposición.




El billete pueden comprarlo ahí, a la izquierda de la imagen, en la antigua Pastelería Bazán, que tras su clausura había pasado a servir como oficinas a la Sociedad Los Tranvías de Zaragoza y como sala de espera a los viajeros.



Tranvías en el Coso Bajo, probablemente uno pertenecerá a la línea que nos ocupa y el otro a la línea circunvalación. Si se fijan, el de la línea Arrabal sale de la Calle Don Jaime para incorporarse también al Coso.




 Ya hemos llegado a la esquina del Coso, lugar conocido por los zaragozanos de entonces como Piedras del Coso, y estamos a punto de entrar en la Plaza San Miguel. Se pueden observar los raíles: aquí convergen los de nuestra línea con los de la línea de circunvalación, que conducirá a los estudiantes a la Universidad.






Hemos llegado a San Miguel de los Navarros, rodeando un parquecillo y una bonita fuente saldremos de la ciudad por la imponente Puerta del Duque, en concreto por su vano central, y dejaremos a la izquierda el fielato, lugar de pesaje de carretas de entrada a la ciudad para posteriormente aplicarles el arancel correspondiente.




Vamos a cruzar el Huerva con su trasiego habitual de gentes y carros transportando enseres de muy diversa índole, dejaremos atrás la Zaragoza “urbanizada” y vamos a entrar en Montemolín, y además vamos a hacerlo de la mano de García Mercadal y de su crónica de 1908 “Zaragoza en tranvía” en la que, si bien unos años después y ya en tranvía eléctrico se describen elementos que bien pudieran ser posteriores al momento que aquí recreamos, incentiva nuestra imaginación proporcionándonos una visión de conjunto muy enriquecedora:

“a la derecha Soto Hondo, un jardín bastante extenso y bien cuidado, propiedad del Ayuntamiento, con grandes invernaderos y abundantes flores. A la izquierda hermosas alamedas…””…el vehículo sigue sin interrumpir la marcha. A un lado unos lavaderos nos salen al paso con el tramado de sus tendedores llenos de ropas que blanquean al sol… al lado opuesto aparece la línea ancha y brillante de una acequia que avanza hacia la carretera… … Atruenan nuestros oídos los martillazos de una fundición… divisan nuestros ojos las terrazas del antiguo presidio…,…más adelante se abre el corral inmenso de un parado, lleno de carros que acarrean paja; todavía conservan sobre las escaleras sus grandes cañizos puestos para aumentar la carga, y bajo sus bolsas videntes extiéndese en el suelo una alfombra de dorada paja, por donde picotean varias gallinas, sin asustarse de los estruendosos golpes que producen los mazos de una carretería cercana.

“A la izquierda una casa con dos miradores centrales, frente a los cuales y colocada sobre una acequia de abundante caudal, álzase la garita almenada de un transformador de las Fuerzas motrices. A la derecha el ancho camino de San José con el túnel umbroso de sus hermosos árboles centenarios, entre los cuales se divisa una casa con un frente de columnas que le dan aspecto de templo helénico, y las rojas construcciones del asilo de las Hermanitas de los pobres…”

Pasaremos ante el matadero municipal, sede en su origen de la Exposición aragonesa, edificio aun en pie y en uso, curioso pero honroso caso de buena gestión patrimonial y según palabras del periódico La Alianza aragonesa en una noticia publicada el 19 de octubre de 1885:  “templo del progreso”.

Imagen de 1901 del edificio construido por Ricardo Magdalena.
 

 
Año 1975 Restos de la puerta del antiguo Frontón zaragozano.

Casi enfrente vamos a ver el Frontón zaragozano inaugurado en 1895, que subsistiría hasta 1967:

 “en el fondo de un camino a la derecha aparece una pared alta, con unos barrotes de hierro en su parte superior que sujetan una tela metálica; por si esto no fuera bastante para señalarnos el destino de aquella construcción, sobre una puerta en herradura hay un letrero que dice: Frontón Zaragozano”.

Dejándolo también atrás vamos a recorrer la vía conocida como Paseo de la Estación… hasta que por fin hemos llegado a nuestro destino, la estación de Cappa.




 Una vez en la estación, - y pongámonos imaginativos una vez más -  quizá a la espera de coger un ferrocarril a San Carlos de la Rápita, por ejemplo, podemos repasar algunas de las informaciones recopiladas sobre esta línea de tranvía en prensa y en las actas de la Sociedad.

Lo primero que llama la atención, es que apenas unos días después de la inauguración de la línea, con dos tranvías recién comprados y sabiendo los problemas habidos para llevar a buen término la operación, se publica en La Alianza Aragonesa la noticia de la supresión del servicio por desperfectos en los ejes. Esto podría corroborar la teoría de que estos dos coches 1 y 2, comprados a Barcelona, pudieron haberlo sido de segunda mano y no haber estado en muy buenas condiciones.

Leemos también en las actas, cómo Torres reitera la imposibilidad de inaugurar la línea para el Pilar porque los coches que la Sociedad había adquirido para dar servicio no llegarían hasta el día 20 –se refiere a los dos coches abiertos o jardineras-, y hasta el día 31 -los coches cerrados- por lo que en un intento de dar solución al problema, trasladaba al consejo las propuestas para entretanto proceder a la venta o préstamo que le hacían a su vez algunas compañías de material móvil (no especifica cuales). Al parecer tales ofertas se concretaban en dos coches por 4.400 Pts y un tercero de 12 asientos interiores por 2.250 Pts. Quizá fuesen estos dos coches de segunda mano los que finalmente adquiere la sociedad.

Muy curiosa también resulta la agresiva competencia entre ómnibus y tranvías para llevar a los pasajeros hasta la citada Exposición aragonesa, según algunos medios, competencia desleal, y que obligaría a la Sociedad a ampliar el número de tranvías. Hecho este que se produce tan solo un mes después, con dos jardineras (tranvías abiertos) que no sé si harían el viaje muy apetecible en un noviembre zaragozano.

En otro orden de cosas, casi un año después, allá por las Fiestas del Pilar de 1886, se publicaban las tarifas del servicio para recorrer la Línea Bajo Aragón entera. El precio era de 15 céntimos, 0.5 céntimos para cada uno de los siguientes tramos que conformaban la línea: Pta. de la Constitución, Pta. del Duque, Montemolín, Estación Bajo Aragón

Los billetes se vendían - como ya hemos comentado al pie de la imagen 1 - en las oficinas habilitadas en lo que había sido la antigua pastelería Bazán, en el número 47 del Coso, aunque también podían obtenerse pidiéndolos a los conductores con un día de antelación.

El trayecto una vez empezado se contaba como completo. Si se dejaba pasar sin avisar al conductor, se pagaba todo el viaje. No se permitían perros ni armas de fuego, estaba prohibido subir y bajar por la delantera, y tampoco podía exigirse parada en curvas ni en rampas.

En diciembre de 1886 la Sociedad, atendiendo al parecer a numerosas solicitudes particulares, dispuso un coche desde la estación del Bajo Aragón a la de Madrid enlazando así ambos puntos, lo que daría el pistoletazo de salida a la denominación de la línea como la de Bajo Aragón-Madrid, vertebrando un eje que atravesaba la ciudad.

Ese mismo mes,  el periódico La Derecha, informaba de que los propietarios de fincas del camino que unía Montemolín con Torrero habían concebido un proyecto de tranvía por esa carretera por sí a la Empresa de tranvías no le convenía hacerlo, enlazando de este modo las líneas del Bajo Aragón y Torrero, si bien de este proyecto no hemos encontrado más datos.

En mayo de 1887 sabemos que la línea contaba con tres coches. Y es que, al parecer, tras el boom de la exposición para la que se habían habilitado cuatro coches, el número se habría reducido.

Por último, en noviembre de 1887, la sociedad expone la necesidad de doblar el raíl en las vías con destino a las estaciones de Cappa y de Madrid, actuación que se aprueba a principios de 1888.
 
Por Nieves García-Arilla Oliver